En un principio, para los tiempos de George Hackenschmidt y Frank Gotch los eventos luchísticos no se realizaban con la frecuencia que se realizan hoy día. Para ese tiempo la lucha libre era básicamente una serie de llaves y agarres que lastimaban luchadores lo suficiente como para tener que poner descanso de por medio entre evento y evento. Algo similar a los encuentros de boxeo. Con la intención de poder realizar los eventos más seguido, para poder generar mayores ingresos fue que se comenzó a incluir cierto teatro en los encuentros a fin de proteger mejor los luchadores y poder hacer los eventos con mayor frecuencia.
Esto nos lleva a la época moderna que todos conocemos. Hoy día la lucha libre esta mayormente regida por un libreto que por las habilidades naturales de un luchador dentro del ring. Con fines mercadeables, el mismo tiene que tener una buena imagen y dominio del micrófono, cosas que en un principio no eran lo necesario para ser reconocido. El punto que les quiero traer es el siguiente. Hoy día, tal vez los luchadores no hagan llaves y agarres con la misma intensidad de los tiempos de Hackenschmidt y Gotch, pero igual están viajando por todo el mundo durante una inmensa mayoría de los días del año. Viviendo lejos de su familia, cargando una maleta y viviendo en hoteles.
Muchos de ellos luchan unas 4-5 veces a la semana. Sin contar el entrenamiento, los golpes que reciben en el ring que si bien no son tan violentos como antes, si reciben golpes. Muchos de ellos recurren a las drogas para poder adormecer el dolor físico y emocional de vivir de una maleta casi todo el año sin vacaciones ni tiempo de calidad con las familias. Por muchos años he leído sobre casos como Eddie Guerrero que muchas veces llegaba al coliseo y se tenía que acostar en el piso para aguantar el dolor antes de subir al ring. Nadie se daba cuenta de que Guerrero estaba lastimado porque tenía tanto carisma que se robaba las masas. Pero hasta de alcohol tuvo problemas.
Casos como Matt Hardy quien estuvo dos años luchando con una fractura en su estomago. A veces juzgamos durísimamente los luchadores por no alcanzar el estrellato. Sin embargo con todo y lo buen luchador y carismático que era Eddie Guerrero, cuando fue campeón mundial su preocupación por los ratings de Smackdown fue tal, que le tuvieron que quitar el campeonato antes de que cayera nuevamente en el alcoholismo. Este tema no tiene fin, pero la real conclusión de todo esto es la siguiente. ¿Realmente resolvimos el problema de las lesiones físicas en los luchadores agregando teatro a los encuentros o empeoramos su situación realizando más cantidad de eventos forzándolos a vivir la mayor parte del año en la carretera, lejos de su familia viviendo de una maleta? Si al dolor físico del deporte le agregamos el dolor emocional causado por la necesidad económica de mantener una familia no estamos protegiendo el luchador. Los estamos engañando para explotarlos económicamente. Sólo miren la edad promedio de muerte entre luchadores y cuantas de esas muertes están asociadas a drogas y ataques al corazón. Quien no haya visto la película The Wrestler, véala. No existe mejor representación fílmica de lo que he expuesto aquí que esa película.




















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